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La génesis de una editorial

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     
 

Semanario Vegas Altas y La Serena,nº 370  
semana del 22 al 28 de octubre de 2005

 

LA GÉNESIS DE UNA EDITORIAL

Alumbrar una idea, un proyecto, darle forma en la memoria, meditarlo, hacerlo de uno y arriesgar esto o aquello –porque no sólo se arriesga la vida o el dinero, también el tiempo, las energías, incluso el prestigio-, es una inquietud exclusiva del ser humano. A veces, lo difuso de esa idea, lo incierto, es la meta final, el pensar que no valió la pena o lo hizo en una proporción  inferior a la esperada. Pero, cabe preguntarse, ¿cuántas proposiciones no encierran un componente de incertidumbre?.

Algo así es Littera Libros, un proyecto ilusionante, pensado, deseado… indócil. Todo desarrollo que encierra una promoción cultural, en cualquiera de sus formas, alumbrada libremente, con un afán inequívoco de darse, de mostrarse y de hacerlo sin soslayar la necesaria característica de la universalidad (a qué si no responde esa libertad), es un desarrollo noble. Una editorial, también lo es, nuestra editorial lo es.

La Asociación Cultural Littera Villanueva, de la que tengo el honor de formar parte, nace –sintéticamente- del amor por los libros. Ahora que el concepto convencional de los mismos ha variado pasando a englobar otras formas  -los libros digitales, por ejemplo-, Littera Libros trabajará por y para los libros de formato clásico, cuidando su estructura, el papel, las tintas, la tipografía… la obra; qué sería el libro como mero soporte sin una obra de calidad. Cierto, calidad e interés, dos características que nunca obviaremos. Como tampoco renunciaremos a acoger todas aquellas obras que no verían la luz en otras editoriales por su escasa comercialidad, por su rareza, por su significado.

Y todo lo anterior, digo, el proyecto, la idea y ese ente jurídico que debe canalizar el esfuerzo, nada serían si no contásemos con lo más importante para navegar en el intento, las personas. Tengo la suerte de trabajar, además de con un desinteresado y anónimo comité de lectura, con dos de ellas que merecen una mención especial: Daniel Fernández-Bergés, inteligente, fundamental en la dirección de esta empresa, trabajador incansable y conocedor del impulso que maneja el corazón (léase lo que se quiera); y Jesús Adame Guisado, todo un artista, nuestro ilustrador, nuestro grabador (mucho le deben los villanovenses a Jesús, y no diré más).

He escrito en el párrafo anterior, quizás usando una expresión poco ortodoxa, “navegar en el intento”. Navegar implica la posibilidad del naufragio, la incertidumbre a la que aludíamos. Somos conscientes de que una editorial que depende, no sólo de la aportación económica de sus socios o de la autofinanciación de algunos autores, sino muy especialmente del patrocinio de entidades privadas u organismos públicos, está sujeta a determinadas veleidades. ¿Sabían que Lorca y Alberti, por poner dos casos conocidos, iniciaron proyectos editoriales (revistas) que jamás pasaron del segundo o tercer número? Y, sin embargo, tratemos de imaginar las muchas horas que en la cabeza de ambos ocupó la idea y su desarrollo, el mucho tiempo que entregaron a esa ilusión…

Por eso, permítanme mis compañeros, Littera Libros ya es un triunfo, el poseer un horizonte, creer en él, implica que tanto la travesía como el posible naufragio sean parte de la diversión. No tenemos objetivos globales, ni nos apremian los plazos, ni nos importa el dinero (qué dinero pueden generar tiradas de 350 ejemplares). Lo único que poseemos es la convicción de que, en tanto tenga vida Littera Libros, nos estaremos divirtiendo. Sin duda, un principio hedonista, pero con un final absolutamente generoso: legar a todos el tesoro que siempre constituye un libro.